La guitarra de mis sueños
esa que le pone melodía
a los días negros.

La llama de un amor
que en vez de amor
pareció lo que nunca se inventó:
allá en lo imaginario un nuevo color.

Mas allá, mucho más allá
de todo lo que vine a dar
y que en cambio jamás me quedé,
aunque tampoco entregaré.

Mil sueños de los que en un final
nunca ya despertarás.

Se puede pintar el color de tus ojos
pero no lo que veo en ellos.
No habrá milagro que doble
como yo doble la agonía.

Vuelo,
a veces siento que vuelo,
por encima de todos mis miedos.
Y los supero, los dejo debajo
allí donde puedo verlos.