Hace tiempo me perdí en la página de un libro a medio bocado de un día de lluvia.
Al mirar por la ventana y ver el infinito me acordé de todo eso por lo que estaba allí. A veces desearía abrir el balcon, saltar y volar como una melodía en el viento. Volar como el sueño de un niño que no tiene fin. Pero me miro las manos y veo que ya hace tiempo que crecí. Y la realidad se hace material y se posa en mi mesita cada noche para no perderme de vista. Para que no escape. Para que al despertar me inunde su perfume, a veces dulce, a veces rancio, a veces triste.
Y el contrabajo nunca supo llamar la atención, solo colaborar como quien escribe y no llega a desgarrar un frase.
Todos somos hijos de madre.

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